Por su gran rusticidad y capacidad de recuperación tras los incendios, el palmito posee un alto valor ecológico contra la erosión del suelo y la desertización.
De difícil aclimatación en regiones tropicales, prefiere los climas templados y calurosos, donde demuestra una gran facilidad de cultivo.
Crece mejor en situaciones soleadas o ligeramente sombreadas y donde los suelos sean ricos, calizos y estén bien drenados. Su resistencia a las bajas temperaturas se estima en próxima a los 10 grados Celsius bajo cero (14ºF). |  | |
 |  | Su crecimiento es lento o medio si recibe riegos frecuentes en verano, y sus necesidades nutricionales son bajas.
Resiste perfectamente la proximidad al mar y la salinidad.
En parques y jardines los palmitos son excelentes para utilizar como elementos aislados y para formar grandes pantallas vegetales, pero no hay que olvidar que, debido a su gran capacidad de fijación del suelo, nos serán también muy útiles en desmontes y terraplenes.
El ejemplar con más años que se conoce está en Padua (Italia), "La palma di Goethe", que fue plantada alrededor de 1585.
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En contenedor pueden mantenerse durante largo tiempo, y en interiores su aclimatación es posible donde los niveles de luz son insuficientes para un gran número de plantas.
Su producción es fácil mediante semilla, necesitándose para su germinación de 2 a 3 meses con calor y humedad. Algunos productores recomiendan la inmersión de los frutos durante 15 minutos en ácido sulfúrico concentrado, previamente a la siembra, con objeto de eliminar la pulpa y acelerar todo el proceso de germinación.
La división de mata es posible aunque no se emplea a nivel comercial.
Su transplante es fácil , sin necesidad de formar grandes cepellones.
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