Palmeras en jardines

Phoenix canariensis en La Gomera (Islas Canarias) Phoenix canariensis en La Gomera (Islas Canarias)
Phoenix canariensis en La Gomera (Islas Canarias)Phoenix canariensis en La Gomera (Islas Canarias)
Chamaerops humilisChamaerops humilis
Brahea armata creciendo en suelo salino y arcillosoBrahea armata creciendo en suelo salino y arcilloso
Trachycarpus fortuneiTrachycarpus fortunei
Chamaerops humilis en su habitatChamaerops humilis en su habitat
Livistona australis creciendo en zona muy sombreadaLivistona australis creciendo en zona muy sombreada
Rhapis excelsaRhapis excelsa
Allagoptera arenaria, detalle de la infrutescenciaAllagoptera arenaria, detalle de la infrutescencia

Sin considerar propiamente el significado que pueda tener el emplear un individuo o grupo de plantas en una situación concreta de nuestro entorno, deberemos conocer:

  • Sus características botánicas y velocidad de crecimiento.
  • Su hábitat natural y la forma en que pueden influir las condiciones ambientales y de suelo.
  • Y lo que puede ser más importante, las condiciones en que se han producido las plantas de que se dispone y su grado de aclimatación, en especial si han sido producidas en zonas climáticas notoriamente más cálidas, o en viveros donde se les ha sometido a programas de sobreabonado o a una insolación diferente a la que se les quiere destinar desde un principio.

Suelos:

Las palmeras pueden crecer en gran variedad de suelos aunque, por lo general, prefieren suelos bien drenados. Neutros o ligeramente ácidos y ricos en orgánica si proceden de bosques húmedos o selvas, y básicos y más pobres, las de origen desértico o donde son normales los periodos estacionales de sequía.

Los suelos arcillosos son fríos, dan problemas de asfixia radicular y son difíciles de trabajar, tanto si están húmedos como si están secos. Al contrario, los excesivamente arenosos tienen el inconveniente de su baja retención de agua y de ser nutricionalmente pobres. En ambos casos, el mejor sistema de mejorar su estructura será haciendo aportaciones regulares e importantes de materia orgánica.

El exceso de cal en el suelo aún sin ser factor limitante para un gran número de especies, podrá suponer en otras el bloqueo de ciertos elementos minerales como hierro, magnesio, manganeso y zinc, dando lugar a clorosis y problemas carenciales.

Los suelos salinos carecen de estructura y hacen difícil el establecimiento de muchas palmeras. Primeramente aparece una necrosis en los foliolos o segmentos de las hojas más adultas, las nuevas emergen cloróticas, las raíces se necrosan y la planta en general muestra un crecimiento reducido.

La mejora de los suelos salinos sólo se puede conseguir parcialmente dando riegos fuertes -sin permitir que el suelo se llegue a secar totalmente con objeto de arrastrar parte de las sales, haciendo aportaciones de materia orgánica del orden de 40 Tm. de estiércol por hectárea, y empleando abonos tales como superfosfato de cal y sulfato o nitrosulfato amónico.

Temperaturas:

Algunas palmeras sólo prosperan en áreas donde las temperaturas raramente sobrepasan los 25ºC (77ºF) y las oscilaciones térmicas son mínimas, como es el caso de Ceroxylon andicola, que aparece en laderas húmedas de los Andes desde Colombia hasta Venezuela. Pero, generalizando, son las bajas temperaturas el factor más limitante para el cultivo de palmeras al exterior.

El frío reduce la actividad radicular, la traslocación de nutrientes y el crecimiento en general, debilitando a las plantas y haciéndolas más sensibles a los ataques de enfermedades.

Las palmeras pueden perder parte de las hojas y quedar fuertemente afectadas durante el mismo invierno en que se han dado las bajas temperaturas, o bien, las hojas que todavía no habían abierto o no mostraban daño alguno (manchas necróticas o deformaciones) hacerlo en la primavera o el verano siguiente, a la vez que el tronco sufre una reducción de su diámetro, aunque esto puede no ser evidente hasta el cabo de unos años.

En cualquier caso, es difícil de determinar exactamente la verdadera resistencia de las palmeras a las bajas temperaturas, ya que son numerosos los factores que intervienen:

  • Características individuales.
  • Edad de las plantas. Serán más resistentes las palmeras adultas por tener tanto su sistema vascular como el cogollo, o ápice de crecimento, más protegidos.
  • Grado de aclimatación o diferencia existente entre las condiciones en la zona de producción y su destino.
  • Estado vegetativo de la planta en el momento de sufrir las bajas temperaturas, ya que siempre serán más dañinas si se dan cuando las palmeras están en crecimiento activo.
  • Condiciones de cultivo: una planta sana y que no sufra carencias minerales será más resistente a condiciones ambientales adversas.
  • Grado de humedad del suelo y ambiental: Los fuertes vientos y, en general, una alta humedad relativa, acentuarán los daños.
  • Duración del frío y temperaturas que se alcanzan a continuación de las heladas: No es lo mismo que sufran las bajas temperaturas unas horas durante una noche y sobrepasar los 15ºC (60ºF) en la mañana siguiente, que sufrir heladas durante varias noches seguidas y sobrepasar escasamente a continuación el punto de congelación.

  • Finalmente, también hay que considerar el microclima, ya que pueden alcanzarse dentro de un jardín o un parque diferencias importantes de temperatura según la situación de que se trate.

En el caso de palmeras monocaules (con un solo tronco) la recuperación siempre será posible si no ha sufrido el ápice terminal. Por el contrario, las multicaules pueden llegar a perder toda la parte aérea pero volver a rebrotar desde la base si su sistema radicular no ha sido afectado de forma importante.

En prevención de posibles heladas se hará una aportación al suelo de sulfato potásico en otoño para lograr un endurecimiento de las plantas y/o sulfato de manganeso, para evitar en lo posible una carencia en este elemento, inducida por la baja actividad que tendrán las raíces durante el invierno.

El suelo se puede cubrir con una capa gruesa de mulch para proteger las raíces. También, se pueden construir pequeños invernaderos alrededor de las plantas más jóvenes, para protegerlas de los vientos e incrementar la temperatura durante el día, e incluso se pueden atar y cubrir las hojas con arpillera o plástico transparente, cuidando que esta protección no retenga una humedad excesiva en su interior y retirándola cuando suban las temperaturas.

Tras las heladas y durante las semanas posteriores se recomiendan tratamientos fungicidas con productos tales como Hidróxido de cobre y Maneb o Benomilo y Captan, mezclados al 50% y repitiendo el tratamiento a los 7-10 dias. Los compuestos cúpricos pueden emplearse incluso antes de darse las heladas, con objeto de reducir la población bacteriana, pero hay que cuidar de no repetir el tratamiento más de un par de veces ya que podrían causar problemas de fitotoxicidad.

Igualmente, se recomienda la pulverización de las hojas en primavera y verano con manganeso y microelementos (A.R. Chase - Broschat, 1991).

Vientos y proximidad al mar:

La especial naturaleza de sus troncos hace a las palmeras extraordinariamente flexibles y resistentes a los fuertes vientos, y especies como Dictyosperma album llegan a resistir los huracanes pese a perder la totalidad de su follaje.

De cualquier forma, siempre serán preferibles situaciones protegidas de los vientos si queremos lograr bellos ejemplares. Rhapis excelsa y muchas otras especies tienen hojas frágiles y sensibles a la deshidratación.

La proximidad al mar supone por otro lado que los vientos depositen sal en las hojas, dañándolas y necrosándolas. Aún así, Allagoptera arenaria, Coccothrinax argentata, Chamaerops humilis, etc. pueden aparecer en primera línea de mar en sus lugares de origen.

Los vientos secos son, además, otro factor importante a tener en cuenta si no queremos fracasar al elegir una especie. Hojas gruesas y cerosas nos indican su adaptabilidad a estas condiciones.

Grado de Insolación:

Muchas palmeras prefieren posiciones soleadas desde el principio para lograr su óptimo crecimiento o, al menos, cuando son adultas, requiriendo solamente posiciones permanentemente sombreadas las especies que, en su lugar de origen, ocupan las zonas más umbrías y alcanzan un reducido crecimiento (Reinhardtia elegans, etc.).